Inclusión social: promulgada por muchos, vivenciada por pocos

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Por Editor Mundo Empresarial

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04.05.2019

La inclusión social es la tendencia a posibilitar que personas en riesgo de pobreza o de exclusión social tengan la oportunidad de participar de manera plena en la vida social, y así puedan disfrutar de un nivel de vida adecuado. La inclusión social se preocupa especialmente por personas o grupos de personas que se encuentran en situaciones de carencia, segregación o marginación. Son especialmente susceptibles de exclusión personas o grupos de personas en situación de precariedad o pertenecientes a un colectivo particularmente estigmatizado, bien por su origen (pertenencia a determinado grupo étnico o religioso), género (hombre o mujer), condición física (discapacidades), u orientación
sexual, entre otras cosas.

El objetivo de la inclusión social es precisamente mejorar de manera integral las condiciones de vida de los individuos, para ofrecerles las mismas oportunidades educativas, laborales y económicas de las que disfruta el resto de la sociedad. Inclusión social, pues, significa acceso al sistema educativo y de salud, oportunidades de trabajo, la posibilidad de tener una vivienda digna, seguridad ciudadana, etc. En suma, lo que persigue la inclusión social es que todos los ciudadanos, independientemente de su origen o condición, puedan gozar plenamente de sus derechos, desarrollar sus potencialidades como individuos, y aprovechar al máximo las oportunidades para vivir en bienestar.

Toda esta teoría suena maravillosa y día a día escuchamos en todos los espacios sociales (colegios, universidades y organizaciones de toda índole) que la inclusión social es una prioridad en esos lugares, pero la realidad parece ser otra. Cuando se presenta a una empresa un individuo a quien le falta una mano, un brazo o un pie o los dos,a un trabajo de oficina para el cual posee las competencias cognitivas y físicas suficientes, es descartado “porque se presentaron otros más calificados”, así su rendimiento en las pruebas de selección haya estado por debajo del individuo con la discapacidad. Muchos promulgan no ser homofóbicos, pero cuando su hijo o hija les dice que es homosexual lo rechazan como si tuviera la peor de las pestes. Otros tantos gritan a todo pulmón que nunca han discriminado a nadie por su color de piel, pero cuando la hija les presenta un novio de raza negra, se vuelven los más racistas. En fin, se podrían enumerar un sin número de ejemplos en los cuales se predica algo que no se cumple en la práctica cuando somos nosotros los que tenemos que vivirlo. ¿Cómo con toda esa discriminación y exclusión podríamos llegar a practicar la “inclusión social” ?

Es importante comenzar por aplicar el valor universal de la igualdad humana, pues nadie es más ni menos que otro. De los “discapacitados” podremos aprender mucho, pues son ellos los que suelen darnos “sopa y seco” cuando suponemos que no son capaces de casi nada y logran hacer mucho más que quienes alardeamos de no tener ninguna limitación. Un claro ejemplo son los invidentes, quienes suelen “ver” con sus agudos olfato, gusto, oído y tacto, mucho más que los videntes. Basta con presenciar los juegos paralímpicos para comprobar los tiempos record que logran en disciplinas de velocidad como el ciclismo de pista, natación o atletismo, deportistas sin una pierna; o revisar la concentración y alta eficiencia laboral que demuestran algunos sordos de nacimiento en sus puestos de trabajo.

Aceptar que los seres humanos somos diferentes y únicos, cada uno con sus talentos y virtudes es otro interesante punto de partida para aplicar la inclusión social.

Poco a poco se van sumando centros educativos y maestros que entienden lo que es la educación inclusiva en nuestro país. Muchas veces a contracorriente, sin recursos y con escaso o ningún presupuesto, luchan para hacer realidad un mandato de Ley, como es que todas las instituciones educativas regulares abran sus puertas a los niños y adolescentes con habilidades diferentes o con necesidades educativas especiales. Se trata de maestros que tienen la fuerte convicción de que es la escuela la que debe adecuar su funcionamiento,ritmo, métodos, lenguaje, etc. a las necesidades de cada niño o adolescente, y no a la inversa. La meta es garantizar el derecho a la educación que toda persona tiene según nuestra Constitución.

Nuestras leyes y normatividad son de avanzada y respaldan dicho esfuerzo, pero hoy se requiere un apoyo más concreto que dote a las escuelas y maestros de materiales y herramientas para hacer realidad la inclusión educativa en el día a día de su trabajo. Gracias a Dios, el SENA en Colombia, es un ejemplo viviente de inclusión social en el espacio educativo y algunos colegios están instaurando currículos flexibles para muchachos con dificultades cognitivas.

Como en todo proceso de cambio, es indispensable ponerse el espejo así mismo y cuestionarse qué estamos haciendo para no solo promulgar sino para llevar a la realidad la inclusión social. A simple vista parece algo ajeno a todos los que no son víctimas de la exclusión, pero el problema es colectivo no personal, por tal motivo debemos ser partícipes del cambio, siendo incluyentes a nivel general y a nivel particular. 

Mucho podríamos hacer si logramos que nuestros hijos no excluyan a ningún compañerito de clase por lo que tiene o no tiene ni por lo que es o no es. Una tristísima modalidad de bullying en los colegios es la exclusión. Nunca se puede olvidar que los valores se aprenden desde la primera infancia, por tal motivo no podremos esperar que un adulto no sea excluyente si desde niño lo fue porque lo aprendió de sus padres.

Como se mencionaba inicialmente una forma de exclusión social importante es la discriminación racial, hecho que no debería ser motivo de discusión en pleno siglo XXI, pero la realidad es otra. También existe. Colombia está muy lejos de ser esa democracia racial que a veces nos pintan. El cumplimiento o no del mencionado Acto 05 de la Corte por el Gobierno será una buena prueba para saber si, más allá de los rituales del día de la Afrocolombianidad, las autoridades realmente están comprometidas en desarrollar estrategias adecuadas para superar la discriminación racial. Y lo más importante, si todos los colombianos sin considerar su posición social o económica están dispuestos a aceptar sin prejuicios a sus compatriotas mestizos, negros o blancos sin discriminarlos ni excluirlos socialmente.

Hablemos de inclusión social, pero no solo para promulgarla sino para demostrarla con hechos en nuestro actuar.

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